Según varios medios de comunicación la participación en el cribado que se realizó en Ourense (Expourense) éste sábado pasado (23/01/2021), no alcanzó al 60%. Es decir, de los 4.000 citados por SMS acudieron menos de 2.400, los otros 1.600 hicieron mutis por el foro. Ahora bien, todos entendemos que esto de la pandemia es un problema de salud pública, y que al ser un virus contagioso pues resulta que tu irresponsabilidad puede terminar costándome a mí la vida. Por eso me gustaría proponer a las autoridades competentes que le pusieran una multa a todos aquellos que no tengan una causa justificada (y acreditada) para no asistir o negarse a hacer un test PCR. Es muy fácil, sabemos el número de móvil, el titular de ese número al que hemos enviado un SMS citándolo, también sabemos quién se hizo el test y quién no. Por tanto, al que no se lo haya hecho, sin causa justificada, 1.000 euritos de multa, que le tiemble el bolsillo, a ver si para el próximo SMS vuelve a hacer lo mismo. Si de los 1.600 que no fueron este sábado (aún falta por ver cuántos faltaron el domingo), tan solo la mitad (unos 800) tuviesen que pagar una multa de 1.000€ el estado se juntaría con 800.000€, lo que daría para construir unas 8 viviendas de protección oficial para familias necesitadas. ¡Mira qué fácil!
Otra fuente de ingresos, muy interesante, podrían ser los
listillos, los que creen que se las saben todas, o al menos que saben más que
los demás. Esta tarde de domingo he pasado frente a una famosa pulpería en una
de las calles principales de entrada/salida de O Carballiño. Como la atención
al público en el interior de los locales está prohibida estos listillos han
instalado una súper-carpa, tipo circo, pero rectangular en lugar de redonda.
Dentro de la súper-carpa, totalmente cerrada, instalaron unos calentadores y un
número de mesas que supongo respetan las directrices y medidas de distancia. De
tal modo que los clientes, todos juntitos y calentitos, fumando y consumiendo
bajo el protector techo de la súper carpa, amparados del viento por las paredes
(de plástico), disfrutan de la “socialización”. Todo gracias a que los
listillos de los dueños han “interpretado” a su manera lo que es una terraza y
lo que no. Puesto que la legislación es clara al respecto, podría acercarse por
allí algún representante de la justicia e imponerle una “multita” de 50.000€,
por delito contra la salud pública, y, por supuesto obligarles a desmontar la
súper-carpa. Si son tan listos como para reincidir, pues 100.000€ y 3 meses con el local cerrado. Si son tercos, y van a por la tercera, pues 500.000€ y cierre definitivo del local, mas inhabilitación para regentar o trabajar en negocios de hostelería o restauración. A ver si se siguen creyendo tan listos después de esta buena "lección".
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